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La vida es el equilibrio entre retener y dejar ir |
Desde que regresé de Argentina, tras pasar un largo mes allí con mi hija, me han sucedido muchas cosas.
Muchas inverosímiles, anécdotas y experiencias de vida.
Pero sobre todo, me ha pasado como un vendaval por encima.
Algo así como una mega marea de sentidos, visiones y la sensación de estar viva más que nunca.
Quizás porque venía un poco como muerta, o mejor dicho adormilada. Venía sintiéndome la víctima de la vida que me había tocado. Sentía que tenía mala suerte, que todo a mi alrededor parecía brillar mientras yo me apagaba por dentro.
Viajar a mi país de origen no sólo tiró por tierra muchas de estas ilusiones y fantasías. Tuve la oportunidad de vivir la vida a pelo, al ras, sin decoraciones ni floreos. Allá, en Buenos Aires, la vida pasaba cada día buscando ser vivida. Y atrás quedaban todas esas horas de fantasía e ilusión. Prejuicios. Falsas teorías y creencias.
Quizás porque tengo tendencia a analizar cada momento, y también quizás porque tiendo a mirar todo desde mi propio ombligo, pero más que nada creo que tiene que ver con una manera de utilizar el tiempo.
Desde que el amor decidió escaparse por la alcantarilla y sólo dejó rastros de su pasado común conmigo, sé que me ha costado mucho más que nunca aceptar la vida que me toca.
Al menos aceptarla con alegría.
Porque la alegría es algo que necesitamos para seguir vivos.