Escribo esta noche de sábado desde un nuevo refugio. Afuera, el cielo brilla con las luces del mundanal ruido. Durante años sólo fue hacer ojos sordos y oídos cerrados. La música empaña el momento, como algo mágico y necesario.El regreso a la patria tiene eso de darte de plano con una realidad que a lo lejos parece inventada.
Mis manos quieren acapararlo todo; el sabor es rancio en la boca, como quien sabe que los muros que construyó no sirvieron para nada.
Vuelven los recuerdos de lo que se fue. Vuelven los momentos y las apariencias no sólo engañan, exponen la inmensidad de su trascendencia.
Quién soy y adónde voy, son las preguntas que flotan desde siempre. Soy alma peregrina que deambula en la inmensidad de lo desconocido.
Vuelvo a casa para darme cuenta que nunca me fui. Que la que cambió fui yo, y no el paisaje.
Aun así, el paisaje presenta cambios y me doy cuenta que he perdido gran parte de mis sueños en pos de un espejismo.
Como Alicia a través del espejo me miro con sorpresa. Soy yo la que me está mirando o es esa otra que se reinventó a sí misma?
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